ADRIÁN MONROY

Revista Habitante: un espacio de conocimiento | Plaza de la Constitución, Ciudad de México | 7 de abril, 2011

Al darme cuenta que los sectores sin acceso a ciertos medios de producción de imágenes e información en la llamada “sociedad del conocimiento” se encuentran en una situación de desventaja política y social, ya que consumen de continuo conocimientos e imágenes que les son ajenos, propuse la revista Habitante como un medio de producción e intercambio de información donde los que quieran puedan participar a través de fotografías, entrevistas, ensayos o anécdotas que se pondrán en circulación en la calle.

Juan, Óscar y el Robert accedieron a participar tomando fotografías. Tuvimos un par de meses para platicar acerca del tipo de imágenes, información y contenidos que podíamos incluir; charlas muy extensas y extrañas, por cierto. Durante este periodo los visitaba continuamente y poco a poco comenzamos a involucrarnos de una manera más personal, generando una relación de mayor confianza, la cual permitió que se rompieran los prejuicios que existían de mí hacia ellos y viceversa. Fue un proceso bien interesante, porque a pesar de no dejar de ser el foráneo me acogieron como parte del grupo invitándome a comer y a acompañar- los en las diversas actividades que realizaban.

El 7 de abril del 2011 a  las 3:00pm se acordó que fuera la presentación de la revista

en el Zócalo de la Ciudad de México, en el campamento del Sindicato Mexicano de Electricistas (que pedía la restitución de la ya extinta compañía Luz y Fuerza del Centro). El bullicio era enorme porque una marcha se perfilaba para llegar minutos después de la hora en que invitamos a la gente para que conociera la revista. Días atrás habíamos pedido un sonido a los miembros del sindicato, el cual nos ayudó a abrirnos paso entre tanto ruido y explicar el proceso y finalidad de la revista. Óscar compartió la técnica que empleaba para fabricar flores deshiladas, artesa- nía que había aprendido en la calle y de la cual vivía él y que eventualmente daba para la comida de quienes le ayudaban.

Después de la presentación, invitamos a los que asistieron a celebrar que por fin habíamos concluido la primera etapa de la revista. Los que quisieron nos acompañaron al lugar donde suelen vivir: una jardinera que han tomado como hogar frente a una estación del metro a las orillas del centro de la ciudad. Compramos bebidas y comenzó un encuentro maravilloso entre los que estaban habituados al lugar y los extraños que por primera vez formaban parte de ese sitio. Al paso de una hora todos estábamos envueltos por una euforia muy divertida; los inquilinos de la jardinera, como buenos anfitriones, cocinaron una gran olla de chicharrón de pollo con cebolla y especias, realmente un manjar pues quien estaba cocinando era un chef desempleado adicto al crack. Durante este tiempo hubo toda clase de intercambios entre los visitantes y los residentes, lo cual a mi parecer fue extremadamente valioso, pues en ese momento el intercambio era directo, sin intermediarios, y pudimos hacer una pequeña fisura en el cotidiano de todos los presentes.

Juan (en estado alcohólico) se encargó de hacer el registro de tal evento. Entre algunas fotografías mal enfocadas, se lograron otras que nos harán recordar ese día como una ocupación eventual que hizo íntimo el espacio público.