MARISOL MONTIEL

Lo que se queda en la habitación | Intervención en el Hotel República | Centro Histórico, Ciudad de México | 6 de abril, 2011

Cuatro habitaciones fueron intervenidas con piezas que cristalizaban momentos de una relación amorosa.

La primera habitación aparenta estar lle- na de instantes irrepetibles, toda cubierta de momentos que reposan en forma de pétalos de rosa color carne. La sensualidad de los pétalos como pedacitos de piel, la cama y el piso invitan al tacto. Quien entre debe hacer- lo descalzo, debe poder sentir la suavidad. El tamaño del cuarto sólo permite estar sobre la cama, mirando en la TV cómo se marchita un vestido hecho de pétalos.

La segunda habitación es inaccesible. Las manos que cubren mi cuerpo, tus manos que cubren mi cuerpo, toman forma en un vestido que se asoma desde el ventanal del

balcón de la habitación. En ese momento no hay nadie más adentro, la puerta está cerrada con llave.

El tercero es el cuarto de las pasiones. Lo visceral, la carne que se pudre, la muerte. Las pieles que se quedan sobre la cama, cuando se abandona el cuerpo. La cama cubierta con sábanas rojas, la piel de un desollado al lado de dos corazones dispuestos sobre una manta blanca. Luz tenue de una lamparita de noche. Se escucha una canción de amor.

El último es el cuarto de las ausencias. Cascarones de dos examantes reposan vacíos y secos sobre dos camas en aquella habitación. Los cuerpos blancos sobre las sábanas blancas. Una televisión que sólo muestra estática, un reloj roto y detenido al lado de las camas.

A la mitad de la velada, todos los asistentes fueron reunidos en el lobby. Los esperaba una mesa llena de vasos de vino tinto. Dos maestras de tango fueron invitadas a dar una clase para quienes asistieron al hotel. A cada una se le pidió previamente que describiera en un texto lo que es el tango, sin ninguna especificación técnica, tan sólo subjetividad. Ese texto lo leyeron frente a todos. Lo que leyeron bien pudo haber tratado sobre una relación pasional más que de una simple danza, o… ¿es el erotismo una danza?

Mientras ellas hablaban se dispusieron máscaras de animales en el piso. Después se invitó a los próximos bailarines a tomar la máscara de su agrado, ponérsela y tomar a su pareja. La clase consistió en aprender a cami- nar juntos, aprender a abrazarse. Las parejas caminaban en círculo, un poco sofocadas por el calor que les provocaba la máscara sobre su rostro, pero sin dejar de moverse. Fue así como el hotel terminó lleno de aves, panteras, monos, camellos, tiburones y alguna que otra oveja distraída que bailaba con un lobo.

Agradecimientos: A quienes laboran en el Hotel República por su amabilidad, confianza y participación. A la familia Montiel y a los Maldonado por su cariño y apoyo. A Luis Carlos Andrade por su amor y su danza. Al MM3, a Gerardo Cedillo por su ayuda y creatividad y a todas las personas que asistieron a esta intervención.